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La liberación es de la magnitud del dolor

¿Ante qué decisión te encuentras? ¿Qué posibilidades ves? ¿Con cuántas personas lo has conversado para tener múltiples visiones? ¿Qué no puedes cambiar? ¿Qué sí puedes cambiar? ¿Con qué recursos cuentas y qué te hace falta? ¿Has vivido una situación similar en el pasado para obtener información de ella? Mudarnos, cambiar de trabajo, terminar una relación, enfrentar un miedo, subir a un escenario, escribir un cuento, pintar un cuadro, cambiar de carrera, contar algo que duele mucho, cambiar el color de pelo, empezar a estudiar, son algunas de las decisiones que tomamos a menudo. De eso viene esto, de elegir.

Empecemos haciendo coincidir nuestro lenguaje: todas las personas sentimos dolor, porque la vida es dolorosa si una persona está viva. Es inevitable. No elegimos qué nos genera dolor, simplemente lo sentimos. Tampoco elegimos dónde nacer, qué padre o madre tener, a qué escuela ir o en qué condiciones materiales llegar al mundo, pero quiero recordar que sí podemos elegir otro montón de cosas. Dicen que eso es el libre albedrío y hacer uso del mismo trae consecuencias: derechos y responsabilidades. Mi amigo Fernando Savater habla de: «el valor de elegir».

Entonces, hay cosas que sí podemos elegir, como por ejemplo: la forma tratar a las demás personas, las maneras de reaccionar a las palabras y gestos ajenos, como la forma de cuidar cuerpo, mente y espíritu. Cómo actuar ante cada hecho que se nos presenta en la vida, sobre el cual no tenemos control, es una decisión individual. En este sentido, podemos encontrarnos a diario en situaciones que nos obligan a tomar decisiones, algunas más conscientes que otras, pero todas nuestras decisiones tendrán impacto en la vida de nuestros y nuestras semejantes. Entonces, decidir de forma individual es también un hecho colectivo. Mis decisiones, afectan. Y las tuyas también.

Hay decisiones racionales, estratégicas, controladoras, manipuladoras, destructivas, soberbias, patriarcales, humillantes, indignantes, denigrantes hacia el ser humano. Hay decisiones mortales que aniquilan inocentes. También las hay innegociables e intransigentes o flexibles y dubitativas. Hay decisiones coherentes con la individualidad de quien las toma, pero incoherentes para la sociedad que habita. O viceversa. Sobre todo hay decisiones curativas, sanadoras, reparadoras, protectoras, maternales, que buscan ser hogar para el tratamiento de los dolores inevitables de la vida. Hay decisiones liberadoras.

Un cúmulo de decisiones de hombres de un tiempo anterior al mío, hicieron que el 25 de agosto de 1825 en la tierra donde recibí esta vida, se declararan las leyes de Independencia, Unión y Pabellón. Este gesto, permitió que yo pueda decir, que mi nacionalidad es Oriental, porque nací en Uruguay. Otro sería el cantar si otras hubiesen sido las decisiones, pero lo que damos por descontado es que corrió mucha sangre para llegar a ese día. ¡Cuánto dolor y muerte! Gracias a eso, yo hoy puedo decir que «vivo en una sociedad democrática y puedo tomar mis propias decisiones». Ponele.

No está a mi alcance destronar poderosos que toman decisiones olvidando a sus semejantes y  desinteresados por las consecuencias de sus actos. Tampoco está a mi alcance derrocar presidentes déspotas o desaparecer las armas. Está a mi alcance decidir en mi día a día, como lo está en el tuyo. La forma de acompañar, de ver a los demás seres humanos, de cuidar por sobre lastimar, del espíritu por sobre el ego, de la naturaleza por sobre la destrucción, del abrazo por sobre el golpe, de la risa descontracturante por sobre la tensión indisipable del enojo no canalizado. Está a mi alcance y a tu alcance, rodearnos de las personas que nos estimulan, que nos cuidan y escuchan, está a nuestro alcance elegir qué haremos con ese dolor que no elegimos vivir pero nos vive igual. Personalmente, encontré en el arte un refugio significativo, pero la curiosidad, la ciencia, las manualidades, la conversación y tantas tecnologías humanas hay para elegir y poder transformar el dolor, que la diversidad abunda. Es solo, cuestión de elegir la que va con cada persona. 

La recompensa naciente de enfrentarnos a nuestros dolores será de igual o mayor magnitud que ese dolor. Quizá es solo mi experiencia personal y hay quien diga que el dolor nunca se supera, o que es mentira que el amor sana y cura. No buscaré convencerle y agradezco que tenga la deferencia de no intentar convencerme a mi. Ya sabemos que no podremos compartir la cotidianidad, pero podremos vivir en el mismo kilómetro cuadrado de barrio. 

Si tenés que tomar la decisión, hacelo. Pensá en las consecuencias, analizá con cautela, pedí opiniones, buscá alternativas, investigá en tu genealogía, probá estrategias, sentite segura y respaldada, con red de contención por si la decisión que tomás trae consecuencias imprevistas que te tumben al piso.

La alegría de la independencia, es el resultado. Deseo que tu liberación sea de la magnitud de tu dolor. 

Con cariño, una Sombla Oriental.

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