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Necesito

Hola, mi nombre es Nina y nunca sé muy bien como comenzar a escribir, así que empezaré relatando una anécdota personal. Resulta que conversando con una amiga, me di cuenta de que a ambas nos sucedía lo mismo: recibíamos comunicaciones de otra galaxia. A ella le llega información cuando dibuja: al parecer traduce unos mensajes que se transforman en líneas y puntos, pero no como los del código Morse. Estos puntos y líneas se transforman en trazos, a veces detallistas, a veces temerosos y temblorosos, y en general le digo que sus trazos son azarosos. Para muchas personas esto podría ser una ofensa o una falta de respeto al trabajo artístico, sin embargo para mi amiga esto es casi un elogio, por considerar mágico el hecho de colocar con un trazo de tinta sobre un papel, lo que hemos dado en llamar un fragmento de azar (conocido en general como dibujo o pintura).

Mientras que ella recibe informaciones de ese modo, a mi en general me sucede que tomo una lapicera y comienzo a escribir, y sobre todo rimar palabras de una forma incomprensible para mi. Muchas veces siento que no soy yo quien está eligiendo las palabras, que las palabras se eligen solas, me eligen a mi o vaya a saber que juego de palabras podría describir lo que sucede. A veces quedo muy cansada luego de escribir un poema, aunque sean las ocho de la mañana y el día haya comenzado hace poco. Otras veces quedo con deseo de más, de que vuelva a suceder, de que la poesía universal se conecte a mi para poder seguir exorcizando demonios.

El invierno nos invita a mirar adentro, a bucear en el inconsciente, a reconocer nuestras luces pero sobre todo, nuestras sombras, aquello que negamos porque el motivo que sea. Cada invierno me encuentro golpeándome contra las paredes de las responsabilidades, haciendo fuerza por generar un espacio cada día, en que sea pura y exclusivamente para reconocerme, aceptarme, revisarme, revisar mis formas de relacionarme con quienes me rodean... parar para reconocer, aceptar y elegir el camino a seguir.

El invierno está llegando a su fin y me regocija saber que con la llegada de la primavera la naturaleza nos regalará sus flores (y la pelusa de los plátanos), para recordarnos que la vida es esto: un ciclo de muertes y renacimientos que no podemos detener. Me acurruco en las comunicaciones de mi otra galaxia, la de las palabras, para esperar pacientemente a que florezca la naturaleza del mundo exterior y consecuentemente de mi mundo interior. Ansiosa porque llegue el verano, me acepto naturalmente veraniega y me asumo necesitada de calor para sobrevivir. 

El rincón de Nina
Necesito, la baldosa fría
recibiendo afectuosamente
el influjo de mi tibia energía
para provocar en mí, el alivio.
Necesito, la brisa del noreste
colándose bajo mi falda
subiéndose a mi espalda
erizando, los pelos en mi nuca.
Necesito, el murmullo del agua
chocando contra las rocas
mientras mi cuerpo levita
en las mareas remotas.
Necesito, saber que el sol ya ha salido
cuando mi bostezo nace
revoloteando entre las sábanas
desmenuzándome, en encanto.
Necesito, ¡cómo necesito!
la arena entre mis pies
que se hunden en la arena
de la tímida ola visitante.
Y si. Necesito.
Lo deseo. Lo anhelo.
La dulce fragancia
de mi espíritu veraniego.

(Si la poesía gustó y quiere, puede escuchar este poema recitado en este enlace).

La liberación es de la magnitud del dolor

¿Ante qué decisión te encuentras? ¿Qué posibilidades ves? ¿Con cuántas personas lo has conversado para tener múltiples visiones? ¿Qué no puedes cambiar? ¿Qué sí puedes cambiar? ¿Con qué recursos cuentas y qué te hace falta? ¿Has vivido una situación similar en el pasado para obtener información de ella? Mudarnos, cambiar de trabajo, terminar una relación, enfrentar un miedo, subir a un escenario, escribir un cuento, pintar un cuadro, cambiar de carrera, contar algo que duele mucho, cambiar el color de pelo, empezar a estudiar, son algunas de las decisiones que tomamos a menudo. De eso viene esto, de elegir.

Empecemos haciendo coincidir nuestro lenguaje: todas las personas sentimos dolor, porque la vida es dolorosa si una persona está viva. Es inevitable. No elegimos qué nos genera dolor, simplemente lo sentimos. Tampoco elegimos dónde nacer, qué padre o madre tener, a qué escuela ir o en qué condiciones materiales llegar al mundo, pero quiero recordar que sí podemos elegir otro montón de cosas. Dicen que eso es el libre albedrío y hacer uso del mismo trae consecuencias: derechos y responsabilidades. Mi amigo Fernando Savater habla de: «el valor de elegir».

Entonces, hay cosas que sí podemos elegir, como por ejemplo: la forma tratar a las demás personas, las maneras de reaccionar a las palabras y gestos ajenos, como la forma de cuidar cuerpo, mente y espíritu. Cómo actuar ante cada hecho que se nos presenta en la vida, sobre el cual no tenemos control, es una decisión individual. En este sentido, podemos encontrarnos a diario en situaciones que nos obligan a tomar decisiones, algunas más conscientes que otras, pero todas nuestras decisiones tendrán impacto en la vida de nuestros y nuestras semejantes. Entonces, decidir de forma individual es también un hecho colectivo. Mis decisiones, afectan. Y las tuyas también.

Hay decisiones racionales, estratégicas, controladoras, manipuladoras, destructivas, soberbias, patriarcales, humillantes, indignantes, denigrantes hacia el ser humano. Hay decisiones mortales que aniquilan inocentes. También las hay innegociables e intransigentes o flexibles y dubitativas. Hay decisiones coherentes con la individualidad de quien las toma, pero incoherentes para la sociedad que habita. O viceversa. Sobre todo hay decisiones curativas, sanadoras, reparadoras, protectoras, maternales, que buscan ser hogar para el tratamiento de los dolores inevitables de la vida. Hay decisiones liberadoras.

Un cúmulo de decisiones de hombres de un tiempo anterior al mío, hicieron que el 25 de agosto de 1825 en la tierra donde recibí esta vida, se declararan las leyes de Independencia, Unión y Pabellón. Este gesto, permitió que yo pueda decir, que mi nacionalidad es Oriental, porque nací en Uruguay. Otro sería el cantar si otras hubiesen sido las decisiones, pero lo que damos por descontado es que corrió mucha sangre para llegar a ese día. ¡Cuánto dolor y muerte! Gracias a eso, yo hoy puedo decir que «vivo en una sociedad democrática y puedo tomar mis propias decisiones». Ponele.

No está a mi alcance destronar poderosos que toman decisiones olvidando a sus semejantes y  desinteresados por las consecuencias de sus actos. Tampoco está a mi alcance derrocar presidentes déspotas o desaparecer las armas. Está a mi alcance decidir en mi día a día, como lo está en el tuyo. La forma de acompañar, de ver a los demás seres humanos, de cuidar por sobre lastimar, del espíritu por sobre el ego, de la naturaleza por sobre la destrucción, del abrazo por sobre el golpe, de la risa descontracturante por sobre la tensión indisipable del enojo no canalizado. Está a mi alcance y a tu alcance, rodearnos de las personas que nos estimulan, que nos cuidan y escuchan, está a nuestro alcance elegir qué haremos con ese dolor que no elegimos vivir pero nos vive igual. Personalmente, encontré en el arte un refugio significativo, pero la curiosidad, la ciencia, las manualidades, la conversación y tantas tecnologías humanas hay para elegir y poder transformar el dolor, que la diversidad abunda. Es solo, cuestión de elegir la que va con cada persona. 

La recompensa naciente de enfrentarnos a nuestros dolores será de igual o mayor magnitud que ese dolor. Quizá es solo mi experiencia personal y hay quien diga que el dolor nunca se supera, o que es mentira que el amor sana y cura. No buscaré convencerle y agradezco que tenga la deferencia de no intentar convencerme a mi. Ya sabemos que no podremos compartir la cotidianidad, pero podremos vivir en el mismo kilómetro cuadrado de barrio. 

Si tenés que tomar la decisión, hacelo. Pensá en las consecuencias, analizá con cautela, pedí opiniones, buscá alternativas, investigá en tu genealogía, probá estrategias, sentite segura y respaldada, con red de contención por si la decisión que tomás trae consecuencias imprevistas que te tumben al piso.

La alegría de la independencia, es el resultado. Deseo que tu liberación sea de la magnitud de tu dolor. 

Con cariño, una Sombla Oriental.

Advertencia andormedana


Desde Andrómeda, la galaxia espiral más cercana a la Vía Láctea, llegan algunas comunicaciones detectadas por antenas escondidas en todas las localidades del mundo. Luego de recorrer los 2,5 millones de años luz que le fueron necesarios viajar por el universo, estos mensajes han sido recibidos y traducidos, por quienes dicen comprender este lenguaje que llega a la Tierra.

Recabada la información, nos encontramos en período de sistematización de datos, por lo que podremos ir develando misterios a medida que se revelen ellos, ante nuestro equipo, que se encuentra continuamente cambiando de escondite, buscando pistas en las noches, atando cabos, traduciendo mensajes y realizando comparaciones con mensajes recibidos en otras antenas, discutiendo sobre la veracidad y falsedad de hecho que hasta el día de hoy, tampoco han sido evidenciados. 

Si tú también te animas a compartir las traducciones de los mensajes recibidos desde Andrómeda por tus antenas, esperamos tu comunicación. Recuerda mencionar la palabra secreta. Si aún no te animas, puedes comenzar leyendo los mensajes aquí publicados y si te parecen que podrían ser importantes para alguien, compártelo. 

Ponemos a disposición estas comunicaciones de otra galaxia, porque entendemos, que las palabras sanan cuando llegan al espíritu que las está esperando.

Advertencias andromedanas

Necesito

Hola, mi nombre es Nina y nunca sé muy bien como comenzar a escribir, así que empezaré relatando una anécdota personal. Resulta que conversa...